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Mark 8
Spanish DHH 1996
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1
Un día en que de nuevo se había juntado mucha gente y no tenían nada que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
2
–Siento compasión de esta gente, porque ya hace tres días que están aquí conmigo y no tienen nada que comer.
3
Y si los envío en ayunas a sus casas pueden desfallecer por el camino, porque algunos han venido de lejos.
4
Sus discípulos le contestaron: –¿Pero cómo se les puede dar de comer en un lugar como este, donde no vive nadie?
5
Jesús les preguntó: –¿Cuántos panes tenéis? –Siete –dijeron ellos.
6
Mandó entonces que la gente se sentara en el suelo, tomó en sus manos los siete panes y, habiendo dado gracias a Dios, los partió, los dio a sus discípulos y ellos los repartieron entre la gente.
7
Tenían también unos cuantos peces; Jesús dio gracias a Dios por ellos, y también mandó repartirlos.
8
Todos comieron hasta quedar satisfechos, y llenaron todavía siete canastas con los trozos sobrantes.
9
Los que comieron eran cerca de cuatro mil. Después de esto, Jesús los despidió,
10
subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
11
Llegaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Para tenderle una trampa, le pidieron alguna señal milagrosa que probara que él venía de parte de Dios.
12
Jesús suspiró profundamente y dijo: –¿Por qué pide esta gente una señal milagrosa? Os aseguro que no se les dará ninguna señal.
13
Entonces los dejó, y volviendo a entrar en la barca se fue a la otra orilla del lago.
14
Se habían olvidado de llevar algo de comer y solamente tenían un pan en la barca.
15
Jesús les advirtió: –Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.
16
Los discípulos comentaban entre sí que no tenían pan.
17
Jesús se dio cuenta de ello y les dijo: –¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿Todavía no comprendéis ni entendéis nada? ¿Tan embotada tenéis la mente?
18
¿Tenéis ojos y no veis, y oídos y no oís? ¿Ya no recordáis,
19
cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, cuántas canastas llenas de trozos recogisteis? Ellos contestaron: –Doce.
20
–Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántos cestos llenos recogisteis? Contestaron: –Siete.
21
Entonces les dijo: –¿Todavía no entendéis?
22
Llegaron a Betsaida, y llevaron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocara.
23
Jesús tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Le mojó los ojos con saliva, puso las manos sobre él y le preguntó si veía algo.
24
El ciego comenzó a ver y dijo: –Veo gente. Me parecen árboles que andan.
25
Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos, y el hombre miró con atención y quedó sanado: ya todo lo veía claramente.
26
Entonces lo mandó a su casa y le dijo: –No vuelvas al pueblo.
27
Después de esto, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de la región de Cesarea de Filipo. En el camino preguntó a sus discípulos: –¿Quién dice la gente que soy yo?
28
Ellos contestaron: –Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que eres Elías, y otros, que eres uno de los profetas.
29
–Y vosotros, ¿quién decís que soy? –les preguntó. Pedro le respondió: –Tú eres el Mesías.
30
Pero Jesús les ordenó que no hablaran de él a nadie.
31
Comenzó Jesús a enseñarles que el Hijo del hombre tenía que sufrir mucho, y que sería rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Les dijo que lo iban a matar, pero que resucitaría a los tres días.
32
Esto se lo advirtió claramente. Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderle.
33
Pero Jesús se volvió, miró a los discípulos y reprendió a Pedro diciéndole: –¡Apártate de mí, Satanás! Tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres.
34
Luego llamó Jesús a sus discípulos y a la gente, y dijo: –El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame.
35
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía y del evangelio, la salvará.
36
¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida?
37
O también, ¿cuánto podrá pagar el hombre por su vida?
38
Pues si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje delante de esta gente infiel y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre y con sus santos ángeles.
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