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1 Corinthians 15
1 Corinthians 15
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Además os declaro, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes;
2
por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a menos que hayáis creído en vano.
3
Porque en primer lugar os he entregado lo que asimismo recibí: Que el Mesías murió por nuestros pecados según las Escrituras;
4
y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;
5
y que apareció a Cefas, y después a los doce.
6
Luego apareció a más de quinientos hermanos a la vez; de los cuales muchos viven todavía, y otros ya duermen.
7
Después apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles.
8
Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció también a mí.
9
Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.
10
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no ha sido en vano; pero he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que ha sido conmigo.
11
Así que, ya sea yo o ellos, así predicamos, y así habéis creído.
12
Y si se predica que el Mesías ha resucitado de los muertos, ¿cómo dicen algunos que no hay resurrección de muertos?
13
Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco el Mesías ha resucitado.
14
Y si el Mesías no ha resucitado, entonces nuestra predicación es vana, y también vuestra fe es vana.
15
Y además somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos testificado de Dios que resucitó al Mesías, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan.
16
Porque si los muertos no resucitan, tampoco el Mesías resucitó.
17
Y si el Mesías no resucitó, vuestra fe es vana; todavía estáis en vuestros pecados.
18
Entonces también los que durmieron en el Mesías perecieron.
19
Si solo en esta vida esperamos en el Mesías, de todos los hombres somos los más dignos de lástima.
20
Pero ahora el Mesías ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron ha sido hecho.
21
Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.
22
Porque tal como en Adán todos mueren, así también en el Mesías todos serán vivificados.
23
Pero cada uno en su debido orden: El Mesías, las primicias; entonces los que son del Mesías, en su venida.
24
Luego vendrá el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya destruido todo dominio y toda autoridad y poder.
25
Porque es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
26
Y el último enemigo que será destruido es la muerte.
27
Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Pero cuando dice: Todas las cosas le están sujetas, es evidente que se exceptúa a aquel que sujetó a él todas las cosas.
28
Y cuando todas las cosas estén sujetas a él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
29
De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos? Si en definitiva los muertos no resucitan, ¿por qué se bautizan por los muertos?
30
¿Y por qué nosotros estamos en peligro a toda hora?
31
Cada día muero; os lo aseguro por la gloria que de vosotros tengo en el Mesías Jesús nuestro Señor.
32
Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras, ¿de qué me aprovecha, si los muertos no resucitan? ¡Comamos y bebamos, que mañana moriremos!
33
No os engañéis: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.
34
Despertad a justicia, y no pequéis; porque algunos no tienen conocimiento de Dios; para vergüenza vuestra lo digo.
35
Pero dirá alguien: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
36
Necio, lo que tú siembras no llega a tener vida a menos que muera.
37
Y lo que siembras, no es el cuerpo que ha de ser, sino grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano.
38
Pero Dios le da un cuerpo como él quiere, y a cada semilla su propio cuerpo.
39
No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves.
40
También hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales. Pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.
41
Una es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas; porque una estrella es diferente de otra estrella en gloria.
42
Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, se resucita en incorrupción.
43
Se siembra en deshonra, se resucita en gloria. Se siembra en debilidad, se resucita en poder.
44
Se siembra cuerpo natural, se resucita cuerpo espiritual. Hay cuerpo natural, y hay cuerpo espiritual.
45
Y así está escrito: El primer hombre, Adán, fue hecho un alma viviente; el postrer Adán, un espíritu vivificante.
46
Pero lo espiritual no es primero, sino lo natural; luego lo espiritual.
47
El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, el Señor, es del cielo.
48
Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual los terrenales, tales también los celestiales.
49
Y así como hemos llevado la imagen del terrenal, llevemos también la imagen del celestial.
50
Y esto digo, hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
51
He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados,
52
en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta. Porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
53
Porque esto corruptible debe ser vestido de incorrupción, y esto mortal debe vestirse de inmortalidad.
54
Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido devorada por la victoria.
55
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh Hades, tu victoria?
56
Pues el aguijón de la muerte es el pecado; y el poder del pecado, la ley.
57
Pero gracias a Dios, que nos dio la victoria por medio de nuestro Señor Jesús Mesías.
58
Así que, hermanos míos amados, estad firmes, constantes, abundando en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
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