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Romans 8
Romans 8
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en el Mesías Jesús, los que no andan según la carne, sino según el Espíritu.
2
Porque la ley del Espíritu de vida en el Mesías Jesús, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
3
Porque lo que era imposible para la ley, por cuando era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado condenó al pecado en la carne;
4
para que el requisito de la ley fuera cumplido en nosotros, que no andamos según la carne, sino según el Espíritu.
5
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne, pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
6
Porque la mente carnal es muerte, pero la mente espiritual es vida y paz.
7
Porque la mente carnal es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede.
8
Y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.
9
Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Pero si alguien no tiene al Espíritu del Mesías, no es de él.
10
Y si el Mesías está en vosotros, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el espíritu vive a causa de la justicia.
11
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó al Mesías de entre los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por su Espíritu que mora en vosotros.
12
Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir según la carne.
13
Porque si vivís según la carne, vais a morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
14
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.
15
Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abbá, Padre!
16
El Espíritu mismo testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.
17
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con el Mesías, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos también glorificados.
18
Pues considero que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de comparar con la gloria que nos ha de ser revelada.
19
Porque el anhelo ardiente de la creación aguarda ansiosamente la revelación de los hijos de Dios.
20
Porque la creación fue sujetada a la vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó en esperanza,
21
porque la creación misma será librada de la esclavitud de la corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
22
Porque sabemos que toda la creación gime y sufre dolores de parto hasta ahora.
23
Y no solo eso, sino que también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, aún nosotros gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando ansiosamente la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
24
Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve no es esperanza; pues lo que uno ve, ¿para qué esperarlo?
25
Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo esperamos.
26
Y de la misma manera también el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
27
Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque según la voluntad de Dios intercede por los santos.
28
Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas ayudan a bien, a los que según su propósito son llamados.
29
Porque a los que antes conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
30
Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.
31
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
32
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
33
¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
34
¿Quién es el que condena? El Mesías es el que murió, más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
35
¿Quién nos separará del amor del Mesías? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o desnudez, o peligro, o espada?
36
Como está escrito: Por tu causa somos muertos todo el día; somos contados como ovejas de matadero.
37
Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38
Porque estoy persuadido que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir,
39
ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en el Mesías Jesús, nuestro Señor.
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