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John 11
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y estaba enfermo un tal Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
2
Y esta María, cuyo hermano estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y enjugó sus pies con sus cabellos.
3
Enviaron, pues, sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí el que amas está enfermo.
4
Y oyéndo lo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
5
Y Jesús amaba a Marta, y a su hermana, y a Lázaro.
6
Cuando, pues, oyó que estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el mismo lugar donde estaba.
7
Luego, después de esto, dijo a sus discípulos: Vamos a Judea otra vez.
8
Le dijeron sus discípulos: Rabí, ahora te procuraban apedrear los judíos, ¿y otra vez vas allá?
9
Contestó Jesús: ¿No tiene el día doce horas? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
10
Pero si uno anda en la noche, tropieza, porque no hay luz en él.
11
Esto dijo, y después les dijo: Lázaro, nuestro hermano, duerme; pero voy para despertarlo.
12
Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.
13
Pero Jesús había dicho esto de su muerte; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.
14
Y entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto.
15
Y me alegro por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis; pero vamos a él.
16
Les dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.
17
Cuando, pues, vino Jesús, halló que hacía ya cuatro días que él estaba en el sepulcro.
18
Y estaba Betania cerca de Jerusalén, como de quince estadios.
19
Y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.
20
Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero Marta se quedó sentada en casa.
21
Dijo, pues, Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22
Pero también sé ahora que todo lo que le pidas a Dios, te lo dará Dios.
23
Le dijo Jesús: Tu hermano resucitará.
24
Le dijo Marta: Sé que resucitará en la resurrección, en el día final.
25
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.
26
Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?
27
Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.
28
Y habiendo dicho estas cosas, fue y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama.
29
Ella, cuando lo oyó, se levantó aprisa y vino a él.
30
Porque Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.
31
Entonces los judíos que habían estado con ella en la casa y la consolaban, cuando vieron que María se levantó aprisa y salió, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.
32
Y cuando María llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
33
Jesús entonces, cuando la vio llorando, y a los judíos que habían venido con ella llorando también, se conmovió en espíritu y se turbó.
34
Y dijo: ¿Dónde le habéis puesto? Le dijeron: Señor, ven y ve.
35
Jesús lloró.
36
Dijeron entonces los judíos: ¡Mirad cómo le amaba!
37
Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, hacer también que este no muriera?
38
Jesús entonces, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Y era una cueva, que tenía una piedra puesta encima.
39
Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, dijo: Señor, ya hiede, porque tiene cuatro días.
40
Le dijo Jesús: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?
41
Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús alzó los ojos y dijo: Padre, te doy gracias porque me oíste.
42
Y yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me enviaste.
43
Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!
44
Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Les dijo Jesús: Desatadlo, y dejad lo ir.
45
Muchos, pues, de los judíos que habían venido a María, y habían visto lo que hizo Jesús, creyeron en él.
46
Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que había hecho Jesús.
47
Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchos milagros.
48
Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación.
49
Entonces Caifás, uno de ellos, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;
50
ni consideráis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
51
Y esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación;
52
y no solamente por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban esparcidos.
53
Así que, desde aquel día consultaron juntos para matarle.
54
Por eso Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se fue de allí a una región que está junto al desierto, a una ciudad llamada Efraín; y allí se quedó con sus discípulos.
55
Y estaba cerca la Pascua de los judíos; y muchos subieron de aquella región a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse.
56
Entonces buscaban a Jesús, y se decían unos a otros, estando ellos en el templo: ¿Qué os parece—que no vendrá a la fiesta?
57
Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguien sabía dónde estaba, dieran aviso, para que le tomaran preso.
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