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John 6
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Después de estas cosas se fue Jesús al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
2
Y le seguía una gran multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos.
3
Subió, pues, a un monte Jesús, y allí se sentó con sus discípulos.
4
Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5
Entonces Jesús levantó los ojos, y viendo que una gran multitud venía hacia él, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan, para que coman estos?
6
Pero esto decía para probarlo; porque él sabía lo que iba a hacer.
7
Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no les bastan para que cada uno de ellos reciba un poco.
8
Le dijo uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
9
Hay un niño aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero ¿qué es esto para tantos?
10
Y dijo Jesús: Haced recostar a la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar. Se recostaron, pues, como cinco mil varones.
11
Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo los pescados, cuanto querían.
12
Y cuando quedaron satisfechos, les dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que nada se pierda.
13
Recogieron, pues, y llenaron doce canastas de pedazos de los cinco panes de cebada, que habían sobrado de los que habían comido.
14
Entonces los hombres, al ver el milagro que había hecho Jesús, decían: Este es verdaderamente el Profeta que había de venir al mundo.
15
Jesús, pues, cuando supo que estaban para venir para apoderarse de él y hacerle rey, se retiró al monte él solo.
16
Y cuando llegó la noche, bajaron sus discípulos al mar,
17
y entrando en una barca, fueron cruzando el mar hacia Capernaúm. Y ya había oscurecido, y Jesús no había venido a ellos.
18
Y el mar se encrespaba con un gran viento que soplaba.
19
Cuando, pues, habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo.
20
Pero él les dijo: Yo soy; no temáis.
21
Entonces quisieron recibirle en la barca; y al instante la barca llegó a la tierra adonde iban.
22
Al día siguiente la multitud que estaba al otro lado del mar, vio que no había otra barca allí sino una, aquella en la que habían entrado sus discípulos, y que no había entrado Jesús con sus discípulos en la barca, sino que sus discípulos se habían ido solos
23
—pero vinieron otras barcas de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después que el Señor dio gracia.
24
Cuando, pues, vio la multitud que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en unas barcas y vinieron a Capernaúm, buscando a Jesús.
25
Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26
Les contestó Jesús y dijo: En verdad, en verdad os digo: Me buscáis, no porque visteis milagros, sino porque comisteis de los panes y os saciasteis.
27
Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque sobre él ha puesto su sello el Padre, Dios.
28
Le dijeron, pues: ¿Qué haremos para realizar las obras de Dios?
29
Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
30
Entonces le dijeron: ¿Qué señal haces tú, pues, para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces?
31
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
32
Entonces les dijo Jesús: En verdad, en verdad os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, sino que mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33
Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
34
Le dijeron, pues: Señor, danos siempre ese pan.
35
Y les dijo Jesús: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre; y el que cree en mí no tendrá sed jamás.
36
Pero os he dicho que me habéis visto, y no creéis.
37
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí; y al que viene a mí, no lo echo fuera.
38
Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
39
Y esta es la voluntad del Padre, que me envió: Que de todo lo que me ha dado, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día final.
40
Y esta es la voluntad del que me envió: Que todo el que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día final.
41
Murmuraban, pues, de él los judíos, porque dijo: Yo soy el pan que bajó del cielo.
42
Y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice este: He descendido del cielo?
43
Contestó entonces Jesús y les dijo: No murmuréis entre vosotros.
44
Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trae; y yo lo resucitaré en el día final.
45
Está escrito en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Por tanto, todo el que oye del Padre y ha aprendido de él, viene a mí.
46
No que alguien haya visto al Padre, sino el que vino de Dios, este ha visto al Padre.
47
En verdad, en verdad os digo: El que cree en mí tiene vida eterna.
48
Yo soy el pan de la vida.
49
Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.
50
Este es el pan que baja del cielo, para que todo el que coma de él no muera.
51
Yo soy el pan vivo que bajó del cielo; si alguien come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
52
Entonces los judíos discutían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?
53
Les dijo, pues, Jesús: En verdad, en verdad os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día final.
55
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él.
57
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre; asimismo el que me come, él también vivirá por mí.
58
Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.
59
Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaúm.
60
Entonces muchos de sus discípulos, al oír eso, dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?
61
Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de eso, les dijo: ¿Esto os ofende?
62
¿Y si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?
63
El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha nada; las palabras que yo os hablo, son espíritu y son vida.
64
Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que iba a entregarle.
65
Y decía: Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si no le es dado de mi Padre.
66
Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
67
Les dijo, pues, Jesús, a los doce: ¿También vosotros os queréis ir?
68
Le contestó entonces Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Palabras de vida eterna tienes.
69
Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.
70
Les contestó Jesús: ¿No os escogí a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?
71
Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque este le iba a entregar, siendo uno de los doce.
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