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Matthew 27
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y venida la mañana, tomaron consejo todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo contra Jesús, para entregarle a muerte.
2
Y atándole, le llevaron y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.
3
Entonces, Judas, el que le había entregado, viendo que había sido condenado, se arrepintió y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,
4
diciendo: He pecado, entregando sangre inocente. Y ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Míra lo tú!
5
Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió; y fue y se ahorcó.
6
Y los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No se permite echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre.
7
Y tomando consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.
8
Por tanto aquel campo fue llamado Campo de Sangre, hasta el día de hoy.
9
Así se cumplió lo dicho por Jeremías el profeta, diciendo: Y tomaron las treinta piezas de plata, el precio del estimado, Según el precio puesto por los hijos de Israel;
10
y las dieron por el campo del alfarero, según me mandó el Señor.
11
Y Jesús estuvo en pie delante del gobernador; y el gobernador le preguntó, diciendo: ¿Tú eres el rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.
12
Y siendo acusado por los principales y por los ancianos, nada respondió.
13
Entonces dijo Pilato: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
14
Y no le contestó ni una palabra, de manera que se admiraba el gobernador grandemente.
15
Y en cada fiesta solía el gobernador soltarle al pueblo un prisionero, a quien quisieran.
16
Y tenían entonces un prisionero famoso, llamado Barrabás.
17
Reunidos ellos, pues, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás, o a Jesús, que es llamado Mesías?
18
Porque sabía que por envidia lo habían entregado.
19
Y estando él sentado en el tribunal, su esposa le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños a causa de él.
20
Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran a Barrabás, y que dieran muerte a Jesús.
21
Respondiendo, pues, el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.
22
Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré con Jesús, que es llamado Mesías? Le dijeron todos: Que sea crucificado!
23
Y el gobernador dijo: ¿Qué, pues, mal ha hecho? Pero ellos gritaban tanto más, diciendo: ¡Que sea crucificado!
24
Y viendo Pilato que nada aprovechaba, sino que tanto más alboroto se suscitaba, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: Soy inocente de la sangre de este justo; ved lo vosotros.
25
Y contestando todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos.
26
Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para que fuera crucificado.
27
Luego los soldados del gobernador, tomando a Jesús al pretorio, reunieron alrededor de él a todo el batallón;
28
y desvistiéndole, le pusieron un manto de escarlata.
29
Y tejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza, y una caña en su mano derecha; y postrados delante de él, se burlaban de él, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!
30
Y escupiendo en él, tomaron la caña y le golpeaban en la cabeza.
31
Y después de burlarse de él, le quitaron el manto, y poniéndole su ropa, le llevaron para crucificarle.
32
Y saliendo, hallaron a un hombre de Cirene, que se llamaba Simón; a este obligaron a que cargara la cruz.
33
Y después de llegar a un lugar que se llama Gólgota, que quiere decir Lugar de la Calavera,
34
le dieron de beber vinagre mezclado con hiel; y cuando lo probó, no quiso beber.
35
Y cuando le crucificaron, repartieron sus vestidos, echando suertes.
36
Y sentados, le guardaban allí.
37
Y pusieron sobre su cabeza su acusación escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.
38
Luego crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y uno a la izquierda.
39
Y los que pasaban le calumniaban, meneando sus cabezas,
40
y diciendo: Tú que derribas el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz.
41
Y asimismo también los principales sacerdotes, burlándose con los escribas y ancianos y fariseos, decían:
42
A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. Si es el Rey de Israel, descienda ya de la cruz, y creeremos en él.
43
Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque dijo: Soy el Hijo de Dios.
44
Y lo mismo le decían los que eran crucificados con él, burlándose de él.
45
Y desde la sexta hora hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena;
46
como a la novena hora clamó Jesús a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿limá sabactani? Esto es, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
47
Y algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: A Elías llama este.
48
Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio de beber.
49
Y los demás dijeron: Vamos a ver si viene Elías para salvarlo.
50
Pero Jesús otra vez, clamando a gran voz, entregó el espíritu.
51
Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo, y la tierra tembló, y las piedras se partieron.
52
Y las tumbas fueron abiertas, y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron.
53
Y saliendo de los sepulcros después de su resurrección, entraron en la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
54
Y el centurión y los que estaban con él guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo sucedido, temieron grandemente, diciendo: ¡En verdad este era el Hijo de Dios!
55
Y estaban allí muchas mujeres viendo de lejos, las cuales habían seguido a Jesús de Galilea, sirviéndole;
56
entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
57
Y cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús.
58
Este se acercó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se le diera el cuerpo.
59
Y tomando José el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia,
60
y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la puerta del sepulcro, se fue.
61
Y estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas ante el sepulcro.
62
Y al día siguiente, que es después del día de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos con Pilato,
63
diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo mientras aún vivía: Después de tres días resucitaré.
64
Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos de noche y le roben, y le digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el último engaño peor que el primero.
65
Y Pilato les dijo: Tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.
66
Y ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra con la guardia.
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