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Matthew 9
Matthew 9
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y entrando él en la barca, pasaron al otro lado, y vino a su propia ciudad.
2
Y he aquí, le trajeron un paralítico que guardaba cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te han sido perdonados.
3
Y he aquí, algunos de los escribas dijeron entre sí: Este blasfema.
4
Y viendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis lo malo en vuestros corazones?
5
Porque ¿qué es más fácil, decir: Tus pecados han sido perdonados; o decir: Levántate y anda?
6
Entonces, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, luego dijo al paralítico: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
7
Y levantándose, se fue a su casa.
8
Y cuando lo vieron las multitudes, se asombraron y glorificaron a Dios, que había dado tal autoridad a los hombres.
9
Y al pasar Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en el banco de impuestos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.
10
Y sucedió que estando él sentado a la mesa en una casa, he aquí muchos publicanos y pecadores entraron y se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11
Y cuando lo vieron los fariseos, les dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
12
Y oyéndo lo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos.
13
Id y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no vine a llamar justos, sino pecadores al arrepentimiento.
14
Entonces se le acercaron los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho, pero tus discípulos no ayunan?
15
Y Jesús les dijo: ¿Acaso pueden llevar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán.
16
Y nadie pone remiendo de tela nueva en vestido viejo; porque tal parche tira del vestido, y se hace peor la rotura.
17
Tampoco echan vino nuevo en odres viejos; de otro modo, se rompen los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; más bien echan el vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.
18
Mientras él les hablaba estas cosas, he aquí un gobernante vino y se postró delante de él, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
19
Y Jesús se levantó y lo siguió, y sus discípulos.
20
Y he aquí, una mujer que padecía de flujo hacía ya doce años, acercándose por detrás, tocó el borde de su manto.
21
Porque decía para sí: Si solamente puedo tocar su manto, seré sana.
22
Y Jesús se volvió, y viéndola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y fue sana la mujer desde aquella hora.
23
Al entrar, pues, Jesús en la casa del gobernante, y viendo los flautistas y el gentío que se alborotaba,
24
les dijo: Retiraos, porque la niña no ha muerto, sino que duerme. Y se burlaban de él.
25
Entonces cuando la gente ya estaba echada fuera, entró, y la tomó de la mano, y se levantó la niña.
26
Y salió su fama por toda aquella tierra.
27
Pasando, pues, Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, gritando y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!
28
Y entrando él en la casa, se le arrimaron los ciegos, y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Le dijeron: Sí, Señor.
29
Luego tocó los ojos de ellos, diciendo: Según vuestra fe os sea hecho.
30
Y les fueron abiertos los ojos; y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Cuidaos que nadie se entere.
31
Y ellos salieron y lo divulgaron en toda aquella tierra.
32
Y al salir ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.
33
Y echado fuera el demonio, habló el sordomudo; y se admiraron las multitudes, diciendo: ¡Jamás se había visto cosa semejante en Israel!
34
Pero los fariseos dijeron: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
35
Y Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
36
Viendo, pues, las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban fatigadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor.
37
Entonces dijo a sus discípulos: La cosecha es mucha, pero los obreros pocos.
38
Rogad, pues, al Señor de la cosecha que envíe obreros para su cosecha.
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