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Matthew 6
Matthew 6
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Mirad que no hagáis vuestra limosna delante de los hombres para ser vistos de ellos; de otro modo, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.
2
Cuando, pues, des limosna, no toques trompeta delante de ti, como los hipócritas hacen en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados por los hombres; en verdad os digo, ya tienen su galardón.
3
Pero tú, cuando des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha,
4
para que tu limosna se dé en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
5
Y cuando ores, no seas como los hipócritas, porque les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo que ya tienen su galardón.
6
Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto privado, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
7
Y cuando oréis, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles; porque piensan que por su palabrería serán oídos.
8
Por tanto no os parezcáis a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que se lo pidáis.
9
Así, pues, oraréis vosotros: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10
Venga tu reino; hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11
Nuestro pan de cada día, dánoslo hoy.
12
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13
Y no nos metas en tentación, sino líbranos del maligno. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, para siempre. Amén.
14
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre que está en los cielos.
15
Pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
16
Y cuando ayunéis, no seáis austeros como los hipócritas; porque desfiguran sus rostros, para parecerse a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya tienen su recompensa.
17
Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza, y lava tu cara,
18
para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en lo secreto; y vuestro Padre que ve en lo secreto te recompensará.
19
No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre corrompen, y donde ladrones minan y roban.
20
Más bien, haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corrompen, y donde ladrones no minan ni roban.
21
Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
22
La lámpara del cuerpo es el ojo; si, pues, tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz.
23
Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará oscuro. Así que, si la luz que está en ti es tinieblas, ¡qué tales serán las tinieblas!
24
Nadie puede servir a dos señores; porque o al uno odiará y amará al otro, o resistirá al uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
25
Por tanto os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo qué vestiréis. ¿No es vuestra vida más importante que la comida? Y el cuerpo, ¿no es más importante que la ropa?
26
Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
27
¿Y quién de vosotros puede, con preocuparse, añadir a su estatura un solo codo?
28
Y acerca la de ropa ¿por qué os preocupáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan.
29
Pero os digo que ni siquiera Salomón con toda su gloria se vestía como uno de ellos.
30
Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?
31
No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos?, o ¿Qué beberemos?, o ¿Qué vestiremos?
32
Porque todas estas cosas los gentiles las procuran; pues sabe vuestro Padre celestial que necesitáis todas estas cosas.
33
Pero buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34
No os preocupéis, pues, por el mañana; porque el mañana tendrá sus preocupaciones. Suficiente es para cada día su propio mal.
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