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Mark 10
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y de allí se levantó y entró en la región de Judea al otro lado del Jordán. Y otra vez, las multitudes acudían a él; y, como de costumbre, nuevamente les enseñaba.
2
Y acercándose unos fariseos, le preguntaron: ¿Se le permite a un hombre divorciarse de su esposa?—poniéndole a prueba.
3
Y él, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?
4
Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio y repudiarla.
5
Y contestando Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;
6
pero desde el principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.
7
Por tanto el hombre dejará a su padre y su madre; y se unirá a su mujer,
8
y los dos serán una sola carne. Así que ya no son dos, sino una carne.
9
Por tanto, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.
10
Y de vuelta en la casa los discípulos le preguntaron de lo mismo.
11
Y les dijo: Cualquiera que se divorcie de su esposa y se case con otro, comete adulterio contra ella.
12
Y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.
13
Y le presentaban niños para que los tocase; pero los discípulos reprendieron a los que los presentaban.
14
Pero viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo prohibáis; porque de los tales es el reino de Dios.
15
En verdad os digo que cualquiera que no reciba el reino de Dios como niño, no entrará en él.
16
Y tomándolos en los brazos, les puso las manos encima y los bendecía.
17
Y saliendo él al camino, vino uno corriendo, e hincándose delante de él, le rogaba: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
18
Pero Jesús le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Nadie hay bueno, sino uno, Dios.
19
Los mandamientos los sabes: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre.
20
Y él, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
21
Pero Jesús, mirándolo, lo amó, y le dijo: Una cosa te falta: Anda, vende todo que tienes, y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
22
Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23
Y mirando alrededor, Jesús les dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
24
Y sus discípulos se asombraron por sus palabras. Pero Jesús, contestando de nuevo, les dijo: Hijos, ¡cuán difícil es a los que confían en las riquezas entrar en el reino de Dios!
25
Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
26
Pero ellos tanto más se asombraban, diciendo entre sí: ¿Y quién puede ser salvo?
27
Y mirándolos Jesús, dijo: Con los hombres es imposible, pero no con Dios; porque con Dios todas las cosas son posibles.
28
Pedro empezó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.
29
Contestando Jesús, dijo: En verdad os digo que nadie hay que ha dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos, o campos, a causa de mí y del evangelio,
30
que no haya de recibir cien veces más ahora en este tiempo: casa, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos y campos, con persecuciones; y en la era venidera, vida eterna.
31
Porque muchos primeros serán los últimos, y los últimos, primeros.
32
E iban subiendo en el camino hacia Jerusalén; y Jesús iba delante de ellos, y estaban asombrados, y le seguían con miedo. Y volviendo a tomar a los doce aparte, comenzó a declararles las cosas que iban a acontecer:
33
He aquí, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles,
34
y se burlarán de él, y le azotarán, y le escupirán, y le matarán; y al tercer día, resucitará.
35
Entonces se acercaron a él Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, diciendo: Maestro, queremos que hagas lo que pidamos.
36
Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
37
Y ellos le dijeron: Concédenos que uno se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu gloria.
38
Pero Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo bebo, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?
39
Y le dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: La copa que bebo, beberéis, y con el bautismo con que soy bautizado, seréis bautizados.
40
Pero el sentarse a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino que será dado a aquellos para quienes está preparado.
41
Cuando, pues, lo oyeron los diez, empezaron a indignarse contra Jacobo y Juan.
42
Pero Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que parecen gobernar a los gentiles se enseñorean de ellos; y los grandes de ellos ejercen autoridad sobre ellos.
43
Pero no será así entre vosotros; sino cualquiera que desee ser grande entre vosotros, será vuestro servidor.
44
Y cualquiera de vosotros que desee hacerse el primero, será siervo de todos.
45
Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
46
Y vinieron a Jericó; y saliendo él de Jericó, con sus discípulos y una gran multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo el ciego, estaba sentado junto al camino mendigando.
47
Y oyendo que era Jesús el Nazareno, comenzó a clamar y a decir: ¡Hijo de David, Jesús, ten misericordia de mí!
48
Y muchos le reprendían para que callara; pero él tanto más gritaba: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
49
Y parándose Jesús, dijo que se le llamara; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten ánimo; levántate, te llama.
50
Y él, arrojando su manto, se levantó y fue a Jesús.
51
Y Jesús le contestó, diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Rabino, ¡que reciba la vista!
52
Y Jesús le dijo: Anda; tu fe te ha salvado. Y al instante recibió la vista, y seguía a Jesús en el camino.
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