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Acts 16
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y llegó a Derbe y a Listra; he aquí, estaba allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego,
2
del cual daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.
3
Quiso Pablo que este fuera con él; y tomándolo, lo circuncidó a causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.
4
Y como atravesaban las ciudades, les entregaban los decretos que habían sido ordenados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén para que los guardasen.
5
Las iglesias, pues, eran fortalecidas en la fe, y crecían en número cada día.
6
Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les impidió el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.
7
Cuando llegaron a Misia, intentaban ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.
8
Y pasando por Misia, bajaron a Troas.
9
Y de noche apareció a Pablo una visión: Un varón macedonio estaba de pie, rogándole y diciendo: ¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!
10
Y cuando vio la visión, de inmediato procuramos salir para Macedonia, concluyendo que nos había llamado el Señor para evangelizarles.
11
Zarpando, pues, de Troas, fuimos con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis;
12
y de allí a Filipos, que es la ciudad principal de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días.
13
Y el día sábado salimos fuera de la ciudad, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, les hablábamos a las mujeres que se habían reunido.
14
Y una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; cuyo corazón el Señor abrió para que estuviese atenta a lo que decía Pablo.
15
Y cuando fue bautizada, con su familia, nos rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad y hospedaos en mi casa. Y nos obligó.
16
Y aconteció que yendo nosotros a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía un espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.
17
Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba, diciendo: ¡Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes nos anuncian el camino de la salvación!
18
Y esto lo hacía por muchos días. Pero Pablo, fastidiado, y volviéndose al espíritu dijo: ¡Te mando en el nombre de Jesús, el Mesías, que salgas de ella! Y salió en esa misma hora.
19
Y viendo sus amos que había salido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.
20
Y presentándolos ante los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, nos alborotan la ciudad,
21
y predican costumbres que no se nos permite recibir ni hacer, pues somos romanos.
22
Y se amotinó la multitud contra ellos, y los magistrados, rasgándoles sus ropas, ordenaron azotarlos con varas.
23
Y después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardara con seguridad;
24
el cual, habiendo recibido semejante mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y sujetó sus pies en el cepo.
25
Pero a medianoche Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios; y los prisioneros los oían.
26
Y de repente hubo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.
27
Entonces despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó su espada y estaba para matarse, pensando que se habían escapado los prisioneros.
28
Pero Pablo gritó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún daño, pues todos estamos aquí.
29
Y pidiendo luz, entró corriendo, y temblando, se postró ante Pablo y Silas.
30
Y sacándolos fuera, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
31
Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesús Mesías, y serás salvo, tú y tu casa.
32
Y le hablaron la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa.
33
Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas, e inmediatamente fue bautizado él, y todos los suyos.
34
Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído en Dios.
35
Cuando, pues, fue de día, los magistrados enviaron alguaciles, diciendo: Suelta a aquellos hombres.
36
Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han enviado a decir que seáis soltados; ahora, pues, salid e id en paz.
37
Pero Pablo les dijo: Nos azotaron públicamente, sin ser condenados, siendo hombres romanos, nos echaron en la cárcel; ¿y ahora nos echan a escondidas? ¡Pues no! Más bien, que vengan ellos mismos y nos saquen.
38
Y los alguaciles les contaron estas palabras a los magistrados; y tuvieron miedo al oír que eran romanos.
39
Y viniendo, les rogaron, y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad.
40
Y saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, los consolaron y se fueron.
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