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Acts 8
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y Saulo consentía en su muerte. Y en aquel día se desató una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron dispersados por las tierras de Judea y Samaria, excepto los apóstoles.
2
Y unos hombres piadosos sepultaron a Esteban, e hicieron gran lamento por él.
3
Pero Saulo asolaba a la iglesia, entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los entregaba a la cárcel.
4
Entonces los que fueron desparramados anduvieron predicando la palabra.
5
Y Felipe descendió a la ciudad de Samaria, y les predicaba al Mesías.
6
Y las multitudes unánimes prestaban atención a las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo los milagros que hacía.
7
Porque espíritus inmundos, gritando a gran voz, salían de muchos poseídos; y muchos paralíticos y cojos eran sanados.
8
Y había gran gozo en aquella ciudad.
9
Pero había un hombre llamado Simón, que había practicado la magia en la ciudad, y había asombrado a la gente de Samaria, diciendo ser algo grande.
10
A este le prestaban atención, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios.
11
Y le prestaban atención, porque por mucho tiempo los había asombrado con sus artes mágicas.
12
Pero cuando creyeron a Felipe, que predicaba acerca del reino de Dios y el nombre de Jesús Mesías, eran bautizados, tanto hombres como mujeres.
13
Entonces Simón mismo también creyó, y una vez bautizado, continuó con Felipe; y viendo los milagros y señales que se hacían, estaba atónito.
14
Y oyeron los apóstoles que estaban en Jerusalén, habiendo oído que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan,
15
quienes habiendo descendido, oraron por ellos, para que recibieran al Espíritu Santo;
16
porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados en el nombre del Mesías Jesús.
17
Entonces imponían las manos, y recibían al Espíritu Santo.
18
Pero cuando vio Simón que por la imposición de manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
19
diciendo: Dadme a mí también este poder, para que cualquiera a quien yo le imponga las manos, reciba al Espíritu Santo.
20
Pero Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque pensaste que el don de Dios se adquiere con dinero.
21
No tienes ni parte ni porción en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
22
Arrepiéntete entonces de esta tu maldad, y pídele a Dios que te perdone el propósito de tu corazón.
23
Porque veo que estás en hiel de amargura y prisión de maldad.
24
Y contestando Simón, dijo: Orad vosotros por mí al Señor, para que no me sobrevenga nada de lo que habéis dicho.
25
Entonces ellos, habiendo testificado y hablado la palabra del Señor, volvieron a Jerusalén, y en muchas aldeas de los samaritanos predicaron el evangelio.
26
Y un ángel del Señor le habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur por el camino que baja de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.
27
Y se levantó, y fue. Y he aquí, un varón etíope, eunuco, alto funcionario de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba a cargo de toda su tesorería, y había venido a adorar a Jerusalén,
28
regresaba, y sentado en su carro, leía al profeta Isaías.
29
Y dijo el Espíritu a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.
30
Y corriendo Felipe hacia él, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: ¿Entiendes lo que lees?
31
Y él dijo: ¿Cómo voy a poder, si nadie me guía? Y le rogó a Felipe que subiera y se sentara con él.
32
Y el pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja fue llevado al matadero, Y como cordero mudo delante del trasquilador, Así no abrió su boca.
33
En su humillación su juicio fue quitado. Y su generación, ¿quién la contará? Porque su vida fue quitada de la tierra.
34
Y contestando el eunuco a Felipe, dijo: Te ruego, ¿de quién dice el profeta esto? ¿De sí mismo, o de algún otro?
35
Entonces Felipe, abriendo su boca, y empezando desde esta Escritura, le predicó a Jesús.
36
Y como iban por el camino, llegaron a cierta agua; y dijo el eunuco: Mira, agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?
38
Y mandó parar el carro; y bajaron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó.
39
Cuando, pues, subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no lo vio más el eunuco, y siguió su camino gozoso.
40
Y Felipe se encontró en Azoto; y pasando, iba predicando el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.
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