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Acts 26
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y Agripa le dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Entonces Pablo, extendiendo la mano, comenzó así su defensa:
2
Con respecto a todo aquello de que me acusan los judíos, rey Agripa, me considero dichoso de poder defenderme hoy delante de ti;
3
sobre todo porque eres experto en todas las costumbres y controversias que hay entre los judíos. Por eso te ruego que me escuches con paciencia.
4
Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos;
5
los cuales me conocen desde hace mucho tiempo, si quieren testificar que según la secta más estricta de nuestra religión he vivido fariseo.
6
Y ahora, por la esperanza de la promesa hizo Dios a nuestros padres soy sometido a juicio;
7
promesa que esperan alcanzar nuestras doce tribus sirviendo constantemente día y noche. ¡Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos!
8
¿Por qué se considera increíble entre vosotros que Dios resucite a los muertos?
9
Así pues, yo creí que debía hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret;
10
lo cual también hice en Jerusalén, y yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido autoridad de los principales sacerdotes, y cuando los mataron, yo di mi voto.
11
Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forzaba a blasfemar; y enfurecido al extremo contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades del extranjero.
12
Y ocupado en ello, yendo a Damasco con autoridad y comisión de los principales sacerdotes,
13
al mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo, que sobrepasaba el resplandor del sol, alumbraba alrededor de mí y de los que iban conmigo.
14
Y habiendo caído todos nosotros al suelo, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar puntapiés contra los aguijones.
15
Entonces yo dije: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
16
Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto te he aparecido, para designarte ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti,
17
librándote de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envío,
18
para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios; para que reciban perdón de pecados y una herencia entre los santificados, por la fe en mí.
19
Por lo cual, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial,
20
sino que primero a los que estaban en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, les prediqué que se arrepintieran y se convirtieran a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
21
Por esta causa los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme.
22
Así que, habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, testificándoles a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que iban a suceder—
23
que el Mesías había de padecer, siendo el primero de la resurrección de los muertos, iba a anunciar luz a su pueblo y a los gentiles.
24
Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo gritó y dijo: ¡Estás loco, Pablo! ¡Las muchas letras te vuelven loco!
25
Pero él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.
26
Porque el rey sabe estas cosas, delante del cual también hablo confiadamente. Pues estoy convencido que nada de esto le es oculto; porque no se ha hecho esto en un rincón.
27
¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Sé que crees.
28
Y Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a hacerme cristiano.
29
Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios, que por mucho o por poco, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fuerais hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!
30
Y cuando había dicho estas cosas, se levantó el rey, y el gobernador, y Bernice, y los que estaban sentados con ellos.
31
Y al retirarse, hablaban entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna de muerte o de prisión, hace este hombre.
32
Y Agripa le dijo a Festo: Este hombre podría ser puesto en libertad, si no hubiese apelado a César.
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