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Acts 17
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.
2
Y según su costumbre, Pablo, entró a ellos, y por tres sábados discutió con ellos de las Escrituras,
3
explicando y demostrando: Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de los muertos; y este es el Mesías: Jesús, a quien yo os anuncio.
4
Y algunos de ellos se convencieron, y se juntaron con Pablo y Silas; y de los griegos piadosos gran multitud, y mujeres nobles no pocas.
5
Pero los judíos que no eran creyentes, tomaron consigo a algunos hombres malvados de la plaza pública, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.
6
Y al no encontrarlos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante los gobernadores de la ciudad, gritando: Estos que han trastornado al mundo también han venido acá;
7
a los cuales ha recibido Jasón. Y todos estos actúan en contra de los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.
8
Y alborotaron a la multitud y a los gobernadores al oír estas cosas.
9
Pero habiendo obtenido fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.
10
Y de inmediato los hermanos de noche enviaron a Pablo y a Silas a Berea; los cuales, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos.
11
Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda avidez, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.
12
Así que muchos de ellos creyeron, y mujeres griegas distinguidas, y de hombres, no pocos.
13
Pero cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea era predicada la palabra de Dios por Pablo, fueron también allá y alborotaron a las multitudes.
14
Pero al instante los hermanos enviaron a Pablo que fuese hacia el mar, y Silas y Timoteo se quedaron allí.
15
Y los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas; y habiendo recibido mandamiento para Silas y Timoteo, de que vinieran a él cuanto antes, partieron.
16
Y mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía en él, viendo la ciudad entregada a la idolatría.
17
Así que discutía en la sinagoga con los judíos y los piadosos, y en la plaza cada día con los que estuvieran presentes.
18
Y algunos de los filósofos epicúreos y estoicos conferenciaban con él. Y algunos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece ser predicador de dioses extranjeros—porque les predicaba a Jesús y la resurrección.
19
Y tomándolo, lo llevaron al Areópago, diciendo: ¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?
20
Porque traes a nuestros oídos cosas extrañas; queremos, pues, saber qué quieren decir estas cosas
21
—pues todos los atenienses, y los extranjeros que vivían allí, no pasaban el tiempo en otra cosa que en decir o en oír algo nuevo.
22
Y Pablo, puesto de pie en el Areópago, dijo: Varones atenienses, observo que sois muy religiosos en todos los sentidos.
23
Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO. Aquel, pues, que adoráis, sin conocerle, a este yo os anuncio.
24
El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, este, siendo Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos de manos;
25
ni es servido por manos humanas, como si necesitase algo; pues él da a todos vida y aliento y todas las cosas.
26
Y de una sangre hizo toda nación de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos y los límites de su habitación;
27
para que busquen al Señor, y siquiera a tientas le hallen; si bien no está lejos de ninguno de nosotros.
28
Porque en él vivimos y nos movemos y somos; como también algunos de vuestros poetas han dicho: Porque somos linaje suyo.
29
Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro o plata o piedra, escultura de arte e imaginación de hombres.
30
Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan;
31
por cuanto ha establecido un día en que va a juzgar al mundo con justicia, por medio de un Hombre a quien designó, dando fe a todos, cuando le resucitó de los muertos.
32
Y cuando oyeron de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros dijeron: Te oiremos acerca de esto en otra ocasión.
33
Y así Pablo salió de en medio de ellos.
34
Pero algunos hombres se unieron a él y creyeron; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
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