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Luke 11
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan les enseñó a sus discípulos.
2
Les dijo, pues: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
3
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
4
Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, sino líbranos del mal.
5
Y les dijo: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá a él a medianoche, y le dirá: Amigo, prestame tres panes,
6
porque ha llegado a mí un amigo de viaje, y no tengo qué ponerle delante;
7
y aquel, contestando desde adentro, dirá: No me molestes; ya la puerta está cerrada, y los niños están conmigo en cama; no puedo levantarme para dártelos?
8
Os digo que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su insistencia se levantará y le dará todo lo que necesite.
9
Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
10
Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
11
¿Y qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, no le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado le dará una víbora?
12
¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
13
Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar buenos regalos a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?
14
Y él estaba echando fuera un demonio, que era mudo. Y sucedió que salido el demonio, habló el mudo; y se asombraron las multitudes.
15
Pero algunos de ellos dijeron: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera a los demonios.
16
Y otros, para probarle, le pedían una señal del cielo.
17
Pero él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es devastado; y cae casa sobre casa.
18
Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino?, ya que decís que por Beelzebú echo fuera los demonios.
19
Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
20
Pero si por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces llegó hasta vosotros el reino de Dios.
21
Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, sus bienes están en paz.
22
Pero cuando viene otro más fuerte que él y lo vence, le quita toda su armadura en que había confiado, y reparte sus despojos.
23
El que no está conmigo, contra mí está; y el que no recoge conmigo, desparrama.
24
Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí.
25
Y viniendo, la encuentra barrida y adornada.
26
Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí; y el estado final de aquel hombre llega a ser peor que el primero.
27
Y sucedió que diciendo él estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: ¡Bienaventurado el vientre que te llevó, y los pechos que mamaste!
28
Pero él dijo: Más bien, bienaventurados son los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
29
Y como la multitud aumentaba, empezó a decir: Esta generación es mala; pide señal, y ninguna señal le será dada, sino la señal de Jonás el profeta.
30
Porque así como Jonás fue señal para los ninivitas, así también lo será el Hijo del Hombre para esta generación.
31
La reina del Sur se levantará en el juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y he aquí uno mayor que Salomón en este lugar.
32
Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque se arrepintieron ante la predicación de Jonás. Y he aquí uno mayor que Jonás está aquí.
33
Y nadie enciende una lámpara y la pone en oculto, ni debajo de un cesto, sino en un candelero, para que los que entran vean la luz.
34
La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando, pues, tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz. Pero cuando tu ojo es malo, también tu cuerpo está en oscuridad.
35
Fíjate bien, pues, no sea que la luz que hay en ti sea oscuridad.
36
Si, pues todo tu cuerpo está lleno de luz, y no tiene ninguna parte oscura, estará todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.
37
Y cuando acabó de hablar, le rogó un fariseo que comiera con él; y entrando, se sentó a la mesa.
38
Y el fariseo, cuando lo vio, se asombró de que no se hubiera lavado antes de comer.
39
Pero le dijo el Señor: Ahora, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero vuestro interior está lleno de robo y de maldad.
40
Necios, el que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de adentro?
41
Pero dad limosna de lo que tenéis, y he aquí, todas las cosas os serán limpias.
42
Pero ¡ay de vosotros, fariseos! Porque diezmáis la menta, y la ruda, y toda verdura, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto era necesario hacer, sin dejar aquello.
43
¡Ay de vosotros, fariseos! Porque amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
44
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
45
Y contestando uno de los maestros de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices estas cosas, también a nosotros nos insultas.
46
Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, maestros de la ley! Porque imponéis a los hombres cargas difíciles de llevar, pero vosotros ni siquiera con un dedo tocáis las cargas.
47
¡Ay de vosotros! Porque edificáis los sepulcros de los profetas, pero vuestros padres los mataron.
48
De modo que testificáis y consentís en los hechos de vuestros padres; porque ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros.
49
Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán,
50
para que se reclame de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo,
51
desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y el templo. Sí, os digo que será reclamada de esta generación.
52
¡Ay de vosotros, maestros de la ley! Porque quitasteis la llave del conocimiento. Vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis.
53
Diciéndoles él estas cosas, los escribas y fariseos comenzaron a acosarle implacablemente, y a interrogarle minuciosamente sobre muchas cosas,
54
asechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.
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