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Luke 7
Luke 7
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Cuando, pues, terminó todas sus palabras a los del pueblo, entró en Capernaúm.
2
Y el siervo de un centurión, a quien este tenía en estima, estaba enfermo y a punto de morir.
3
Y cuando oyó de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, pidiéndole que viniese y sanase a su siervo.
4
Y viniendo ellos a Jesús, le rogaban con insistencia, diciendo: Es digno de que le concedas esto;
5
porque ama a nuestra nación, y nuestra sinagoga nos la edificó.
6
Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión le envió unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes; porque no soy digno de que entres bajo mi techo;
7
por lo cual ni siquiera me consideré digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano.
8
Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mi cargo, y le digo a este: Ve, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
9
Y al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la multitud que le seguía: Os digo que ni siquiera en Israel he hallado tanta fe.
10
Y volviendo a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
11
Y sucedió al día siguiente, que fue a una ciudad llamada Naín; e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.
12
Cuando, pues, llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella bastante gente de la ciudad.
13
Y al verla el Señor, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.
14
Entonces acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo: ¡Levántate!
15
Entonces se incorporó el que había muerto, y empezó a hablar. Y se lo dio a su madre.
16
Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y Dios ha visitado a su pueblo.
17
Y esta fama de él se divulgó por toda Judea, y en toda la región circunvecina.
18
Y los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas.
19
Llamando, pues, Juan a dos de sus discípulos, los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Tú eres aquel que había de venir, o esperamos a otro?
20
Y cuando los hombres llegaron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Tú eres el que había de venir, o esperamos a otro?
21
En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y dolencias y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista.
22
Y contestando Jesús, les dijo: Id y haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncia el evangelio;
23
y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.
24
Y cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a hablar a las multitudes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
25
Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras finas? He aquí, los que llevan ropa lujosa y viven en deleites, están en los palacios de los reyes.
26
Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
27
Este es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu rostro, El cual preparará tu camino delante de ti.
28
Porque os digo que entre los nacidos de mujer no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.
29
Y todo el pueblo y los publicanos, al oír le, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
30
Pero los fariseos y los intérpretes de la ley rechazaron la voluntad de Dios para sí mismos, no siendo bautizados por él.
31
¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?
32
Son semejantes a los muchachos sentados en la plaza, que se llaman unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os entonamos canciones de duelo, y no llorasteis.
33
Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ¡Demonio tiene!
34
Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: ¡He aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores!
35
Y la sabiduría es justificada por todos sus hijos.
36
Y uno de los fariseos le pedía que comiera con él; y entrando en la casa del fariseo, se sentó a la mesa.
37
Y he aquí, una mujer en la ciudad, que era pecadora, cuando supo que él estaba a la mesa en la casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
38
y estando detrás de él a sus pies, llorando, empezó a regar sus pies con lágrimas, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.
39
Y al verlo el fariseo que le había invitado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
40
Y contestando Jesús, le dijo: Simón, tengo algo que decirte. Y él dijo: Di, Maestro.
41
Cierto prestamista tenía dos deudores; el uno debía quinientos denarios, y el otro cincuenta.
42
Y no teniendo estos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?
43
Y respondiendo Simón, dijo: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
44
Y volviéndose hacia la mujer, le dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; pero ella ha mojado mis pies con sus lágrimas, y los ha enjugado con los cabellos de su cabeza.
45
No me diste beso; pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
46
No ungiste mi cabeza con aceite; pero ella ha ungido con ungüento mis pies.
47
Por lo cual te digo que sus muchos pecados le han sido perdonados, porque amó mucho; pero a quien se le perdona poco, poco ama.
48
Y a ella le dijo: Tus pecados han sido perdonados.
49
Y los que estaban a la mesa empezaron a decir entre sí: ¿Quién es este, que hasta perdona pecados?
50
Pero le dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado; ve en paz.
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