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Luke 6
Luke 6
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y sucedió en el segundo sábado después del primero, que pasando él por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos.
2
Pero algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no se permite hacer los sábados?
3
Y contestándoles, dijo Jesús: ¿Ni siquiera esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban;
4
cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no se les permite comer sino solo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él?
5
Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aún del sábado.
6
Y sucedió en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha.
7
Y le acechaban los escribas y los fariseos, por si sanaba en sábado; a fin de hallar de qué acusarle.
8
Pero él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie.
9
Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Se permite en sábado hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar una vida, o matar?
10
Y mirándolos a todos alrededor, le dijo: Extiende tu mano. Y él lo hizo, y su mano fue restaurada tan sana como la otra.
11
Y ellos se llenaron de furor, y discutían entre sí qué podrían hacerle a Jesús.
12
Y sucedió en esos días que salió al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios.
13
Cuando, pues, fue de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a quienes también llamó apóstoles:
14
a Simón, a quien también llamó Pedro, y a Andrés su hermano, a Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomeo,
15
Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote,
16
Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también llegó a ser traidor.
17
Entonces descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, junto con una multitud de sus discípulos, y una gran multitud de gente de toda Judea y de Jerusalén, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades,
18
y los que eran atormentados de espíritus inmundos; y eran sanados.
19
Y toda la multitud procuraba tocarle; porque poder salía de él, y sanaba a todos.
20
Y él, alzando sus ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
21
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
22
Bienaventurados sois cuando os odian los hombres, y cuando os apartan de sí, y os insultan, y desechan vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.
23
Alegraos en aquel día y saltad de gozo, porque he aquí vuestro galardón es grande en el cielo; porque así hacían sus padres a los profetas.
24
Pero ¡ay de vosotros los ricos!, porque ya estáis recibiendo vuestro consuelo.
25
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que os reís ahora, porque lamentaréis y lloraréis!
26
¡Ay cuando los hombres hablen bien de vosotros!, porque así hacían sus padres a los falsos profetas.
27
Pero os digo a los que oís: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian,
28
bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.
29
Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni tampoco le niegues la túnica.
30
Y a todo el que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no se lo reclames.
31
Y como queréis que os hagan los hombres, así también hacedles vosotros.
32
Pero si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.
33
Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.
34
Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores les prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.
35
Más bien amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando nada en cambio; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malvados.
36
Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
37
No juzguéis, y no seréis juzgados. No condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.
38
Dad, y se os dará; medida buena, apretada, y sacudida, y rebosante darán en vuestro regazo. Porque con la misma medida con que medís, se os volverá a medir.
39
Y les dijo una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No se caerán ambos en un hoyo?
40
Un discípulo no está por encima de su maestro; pero todo el que esté bien preparado será como su maestro.
41
¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, pero no te fijas en la viga que está en tu propio ojo?
42
¿O cómo puedes decirle a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en ojo, no mirando tú la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano!
43
Porque no hay buen árbol que produzca fruto podrido, ni árbol malo que produzca fruto bueno.
44
Porque cada árbol es conocido por su fruto. Pues no se recogen higos de los espinos, ni de una zarza se vendimian uvas.
45
El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
46
¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?
47
Todo el que viene a mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré a quién es semejante.
48
Es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río azotó aquella casa, y no pudo sacudirla, porque estaba fundada sobre la roca.
49
Pero el que oye y no hace, es semejante a un hombre que edificó su casa sobre la tierra, sin cimiento; contra la cual el río azotó, y en seguida cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.
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