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Luke 12
Luke 12
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se pisaban, empezó a decirles a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es hipocresía.
2
Porque nada hay encubierto, que no haya de ser revelado; ni oculto, que no haya de saberse.
3
Más bien, todo lo que dijisteis en la oscuridad, en la luz se oirá; y lo que hablasteis al oído en las alcobas, se proclamará en las azoteas.
4
Y os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.
5
Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de quitar la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a este temed.
6
¿No se venden cinco pajarillos por dos centavos? Y ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
7
Pero aún los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; valéis más que muchos pajarillos.
8
Y os digo que todo aquel que me confiese delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;
9
pero el que me niegue delante de los hombres será negado delante de los ángeles de Dios.
10
Y todo aquel que diga palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
11
Y cuando os lleven a las sinagogas y ante los gobernantes y las autoridades, no os preocupéis de cómo o qué habréis de contestar en defensa vuestra, o qué habréis de decir;
12
porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que hay que decir.
13
Entonces le dijo uno de la multitud: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
14
Pero él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez o repartidor sobre vosotros?
15
Les dijo, pues: Mirad y guardaos de la avaricia; porque la vida de uno no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
16
Y les contó una parábola, diciendo: La tierra de un hombre rico produjo una buena cosecha.
17
Y razonaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde almacenar mis cosechas?
18
Y dijo: Esto haré: Derribaré mis graneros, y edificaré mayores, y allí guardaré todas mis cosechas y mis bienes.
19
Y le diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, alégrate.
20
Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta noche se te reclama tu alma. Y lo que has provisto, ¿de quién será?
21
Así es el que hace tesoro para sí, y no es rico para con Dios.
22
Y les dijo a sus discípulos: Por tanto os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis, ni por el cuerpo, qué vestiréis.
23
La vida es más que la comida, y el cuerpo más que la ropa.
24
Considerad los cuervos, que no siembran, ni siegan; que no tienen almacén, ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!
25
¿Y quién de vosotros podrá con preocuparse añadir a su estatura un codo?
26
Si, pues, no podéis ni siquiera hacer lo que es menos, ¿por qué os preocupáis por lo demás?
27
Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; pero os digo que ni siquiera Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos.
28
Pero si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
29
Y vosotros, no busquéis qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni estéis ansiosos.
30
Porque todas estas cosas las buscan las naciones del mundo; pero vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.
31
Más bien buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
32
No temáis, rebaño pequeño, porque a vuestro padre le plugo daros el reino.
33
Vended vuestras posesiones, y dad limosna. Haceos bolsas que no se envejezcan; tesoro inagotable en los cielos, donde ladrón no se acerca, ni polilla destruye.
34
Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
35
Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas;
36
y vosotros, sed semejantes a hombres que aguardan a su señor que regresa de la boda, para que cuando venga y toque, le abran en seguida.
37
Bienaventurados aquellos siervos a quienes su señor, cuando venga, los encuentre velando; en verdad os digo que se ceñirá y los sentará a la mesa, y vendrá a servirles.
38
Y ya sea que venga en la segunda vigilia, o venga a la tercera vigilia, y los halle así, bienaventurados son aquellos siervos.
39
Pero sabed esto, que si hubiera sabido el dueño de la casa a qué hora el ladrón iba a venir, habría velado, y no habría permitido que forzaran la entrada a su casa.
40
Y vosotros, pues, estad preparados; porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre viene.
41
Y le dijo Pedro: Señor, ¿nos dices esta parábola a nosotros, o también a todos?
42
Dijo, pues, el Señor: ¿Quién es, pues, el mayordomo fiel y prudente, a quien su señor pondrá sobre su familia, para que a tiempo les dé sus raciones?
43
Bienaventurado aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo halle haciendo así.
44
En verdad os digo que le podrá sobre todos sus bienes.
45
Pero si aquel siervo dice en su corazón: Mi señor tarda en venir; y empieza a golpear a los siervos y a las siervas, y a comer y beber y a embriagarse,
46
vendrá el señor de aquel siervo en un día que no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará severamente, y pondrá su parte con los incrédulos.
47
Y aquel siervo que sabía la voluntad de su señor y no se preparó, ni hizo según su voluntad, recibirá muchos azotes.
48
Pero el que no la sabía, e hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco. Y a todo aquel a quien mucho le es dado, mucho se le exigirá; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.
49
Fuego vine a echar en la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido!
50
Pero de un bautismo tengo que ser bautizado, y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!
51
¿Pesáis que vine para dar paz en la tierra? No, os digo, sino más bien división.
52
Porque de ahora en adelante, cinco en un una casa estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres.
53
El padre estará divididso contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
54
Y decía también a las multitudes: Cuando veis la nube que sale del poniente, al instante decís: Un aguacero viene; y así sucede.
55
Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y así pasa.
56
¡Hipócritas! Sabéis analizar el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no analizáis este tiempo?
57
¿Y por qué ni siquiera juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?
58
Cuando, pues, vayas con tu adversario al magistrado, en el camino esfuérzate para reconciliarte con él; no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te eche en la cárcel.
59
Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado el último céntimo.
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