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Luke 13
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
En ese mismo tiempo estaban allí unos que le contaban de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos.
2
Y contestando Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos eran más pecadores que todos los galileos, porque padecieron tales cosas?
3
No, os digo; más bien, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
4
O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que viven en Jerusalén?
5
No, os digo; más, bien, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
6
También les decía esta parábola: Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña; y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.
7
Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. ¡Córtala! ¿Para qué malgasta la tierra?
8
Y él, contestando, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone.
9
Y si da fruto, bien; y si no, la cortarás después.
10
Y estaba enseñando en una de las sinagogas en sábado.
11
Y he aquí una mujer que tenía un espíritu de enfermedad desde hacía dieciocho años, y estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar.
12
Al verla Jesús, pues, la llamó y le dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad.
13
Y puso las manos sobre ella; e inmediatamente se enderezó, y glorificaba a Dios.
14
Pero respondió el jefe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiera sanado en sábado, y decía a la multitud: Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en el día del sábado.
15
Le contestó entonces el Señor y le dijo: ¡Hipócritas! Cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber?
16
Y a esta hija de Abraham, que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no debía ser desatada de esta ligadura en el día del sábado?
17
Y diciendo él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios. Y toda la multitud se regocijaba de todas las cosas gloriosas que eran hechas por él.
18
Y decía: ¿A qué es semejante el reino de Dios? ¿Y a qué lo compararé?
19
Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y echó en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.
20
Otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?
21
Es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó fermentado.
22
Y pasaba por las ciudades y aldeas, enseñando, y prosiguiendo su camino hacia Jerusalén.
23
Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:
24
Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos tratarán de entrar, y no podrán.
25
Después que el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, y empecéis a tocar la puerta, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos, él contestará y os dirá: No sé de dónde sois.
26
Entonces empezaréis a decir: Comimos y bebimos delante de ti, y en nuestras plazas enseñaste.
27
Y dirá: Os digo que no sé de dónde sois. ¡Apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad!
28
Allí habrá llanto y crujir de dientes cuando veáis a Abraham, y a Isaac, y a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y mientras a vosotros os echan fuera.
29
Y vendrán del oriente y del occidente, y del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
30
Y he aquí, hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.
31
En aquel mismo día vinieron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.
32
Y les dijo: Id y decidle a esa zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago sanidades hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra.
33
Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.
34
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisisteis!
35
He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis más hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en el nombre del SEÑOR.
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