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Luke 8
Luke 8
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Y sucedió después, que él recorría las ciudades y aldeas, predicando y proclamando el reino de Dios, y los doce con él,
2
y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de quien habían salido siete demonios,
3
y Juana, mujer de Cuza, administrador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.
4
Y juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, dijo por parábola:
5
Salió un sembrador para sembrar su semilla; y al sembrarla, una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada, y las aves del cielo la comieron.
6
Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, por no tener humedad.
7
Y otra parte cayó en medio de los espinos, y creciendo los espinos juntamente con ella, la ahogaron.
8
También otra parte cayó en buena tierra, y nació, y llevó fruto a ciento por uno. Al decir estas cosas, decía en alta voz: El que tiene oídos para oír, oiga.
9
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?
10
Y él dijo: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11
Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.
12
Y los de junto al camino son los que oyen; luego viene el diablo y quita la palabra del corazón de ellos, para que no crean y se salven.
13
Y los de sobre la piedra son los que, cuando oyen, reciben con gozo la palabra. Pero estos no tienen raíz; que por un tiempo creen, y en el tiempo de la prueba se apartan.
14
Y en cuanto a la que cayó entre espinos, estos son los que oyen; y yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no dan fruto maduro.
15
Pero la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto, después de oír la palabra, la retienen, y dan fruto con perseverancia.
16
Y nadie que enciende una lámpara la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.
17
Porque no hay nada oculto, que no haya de ser manifestado; ni nada escondido, que no haya de ser conocido y salir a la luz.
18
Mirad, pues, cómo oís; porque a cualquiera que tenga, le será dado; y a cualquiera que no tenga, aún lo que piensa tener le será quitado.
19
Entonces se le acercaron su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la multitud.
20
Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.
21
Y él, contestando, les dijo: Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la hacen.
22
Y sucedió en uno de aquellos días, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron.
23
Pero mientras navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y se anegaban, y peligraban.
24
Y se le arrimaron y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro! ¡Perecemos! Y despertando él, reprendió al viento y al levantamiento de las aguas; y cesaron, y se hizo bonanza.
25
Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se asombraron, y se decían unos a otros: ¿Qué clase de hombre es este, que hasta a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?
26
Y navegaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea.
27
Y al llegar él a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad, que tenía demonios desde hacía bastante tiempo, y no llevaba ropa, ni vivía en una casa, sino entre los sepulcros.
28
Y al ver a Jesús, y gritando, cayó a sus pies, y dijo a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡Te ruego que no me atormentes!
29
Porque mandó al espíritu inmundo que saliera del hombre; pues muchas veces se había apoderado de él, y estaba atado con cadenas y grillos, y bajo guardia; pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.
30
Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cuál es tu nombre? Y él dijo: Legión; porque muchos demonios habían entrado en él.
31
Y le rogaba que no les ordenara marcharse al abismo.
32
Y había allí una manada de muchos puercos que apacentaban en el monte; y le rogaban que los dejara entrar en ellos. Y los dejó.
33
Los demonios, pues, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y la manada se lanzó por el precipicio al lago, y se ahogaron.
34
Entonces los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había sucedido, huyeron, y dieron aviso en la ciudad y por los campos.
35
Y salieron a ver lo que había pasado; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio, y tuvieron miedo.
36
Y también los que lo habían visto les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.
37
Y toda la multitud de la región de los gadarenos le rogó que se apartara de ellos, porque estaban poseídos de un gran temor. Y él, entrando en la barca, regresó.
38
Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le permitiera estar con él. Pero Jesús lo despidió, diciendo:
39
Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios por ti. Y se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús por él.
40
Y sucedió que al volver Jesús, le acogió la multitud con agrado; porque todos le estaban esperando.
41
Y he aquí, un varón que se llamaba Jairo, que era principal de la sinagoga, vino; y cayendo a los pies de Jesús, le rogaba que entrara en su casa;
42
porque tenía una hija única, de unos doce años, que se estaba muriendo. Pero mientras iba, las multitudes lo apretaban.
43
Y una mujer que tenía un flujo de sangre desde hacía doce años, la cual había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada,
44
se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.
45
Entonces dijo Jesús: ¿Quién es el que me ha tocado? Y como todos negaban, dijo Pedro, y los que con él estaban: Maestro, la multitud te apremia y te aprieta, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
46
Y Jesús dijo: Alguien me tocó; porque yo me di cuenta de que salió poder de mí.
47
Y la mujer, viendo que no había pasado desapercibida, vino temblando, y cayendo delante de él, le declaró ante todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo había sido sanada al instante.
48
Y él le dijo: ¡Ten ánimo, hija!, tu fe te ha salvado; ve en paz.
49
Mientras él aún hablaba, vino uno del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.
50
Y oyéndolo Jesús, le contestó, diciendo: No temas. Solo cree, y será salva.
51
Y entrando en la casa, no dejó entrar a nadie, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y la madre de la niña.
52
Y todos lloraban y lamentaban por ella. Pero él dijo: No lloréis; no murió, sino que duerme.
53
Y se burlaban de él, sabiendo que había muerto.
54
Pero él echó fuera a todos; y tomándola de la mano, le habló, diciendo: ¡Niña, levántate!
55
Entonces volvió su espíritu, y se levantó inmediatamente; y mandó que se le diera de comer.
56
Y sus padres se asombraron; pero él les mandó que a nadie dijeran lo que había sucedido.
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