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Luke 23
Luke 23
Spanish NTBIZ (Segun el Texto Bizantino 2005)
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1
Levantándose, pues, toda la multitud de ellos, le llevaron a Pilato.
2
Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este lo hallamos trastornando a la nación, y prohibiendo darle impuestos a César, diciendo que él es el Mesías, un rey.
3
Y Pilato le preguntó, diciendo: ¿Tú eres el Rey de los judíos? Y él contestó y le dijo: Tú lo dices.
4
Entonces Pilato les dijo a los principales sacerdotes y a la multitud: Ninguna culpa encuentro en este hombre.
5
Pero ellos insistían, diciendo: ¡Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, empezando desde Galilea hasta aquí!
6
Pero Pilato, oyendo decir Galilea, preguntó que si el hombre era galileo.
7
Y cuando supo que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que también estaba en Jerusalén en esos días.
8
Y Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho; porque hacía bastante tiempo que quería verle, por cuanto había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer algún milagro.
9
Y le hacía muchas preguntas; pero él nada le respondió.
10
Y estaban allí los principales sacerdotes y los escribas, acusándole con vehemencia.
11
Pero Herodes con sus soldados le despreció y se burló de él, vistiéndole de una ropa espléndida, y volvió a enviarle a Pilato.
12
Y Pilato y Herodes se hicieron amigos en ese día, porque antes estaban enemistados entre sí.
13
Entonces Pilato convocó a los principales sacerdotes, y a los gobernantes, y al pueblo,
14
y les dijo: Me presentasteis a este hombre como uno que incita al pueblo; y he aquí, yo le he interrogado delante de vosotros, pero no he hallado culpa en este hombre, en cuanto a las acusaciones que hacéis contra él.
15
Ni tampoco Herodes; porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho.
16
Le castigaré, pues, y le soltaré.
17
Ahora bien, había necesidad de soltarles uno en la fiesta.
18
Y gritaron todos juntos, diciendo: ¡Quita a este, y suéltanos a Barrabás!,
19
el cual había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad y por un homicidio.
20
Otra vez, pues, Pilato les habló, queriendo soltar a Jesús.
21
Pero ellos siguieron gritando, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!
22
Y él por tercera vez les dijo: ¿Pues qué mal ha hecho este? Ningún delito digno de pena capital he hallado en él; le azotaré entonces, y le soltaré.
23
Pero ellos insistían a grandes voces, exigiendo que fuera crucificado. Y predominaban las voces de ellos y de los principales sacerdotes.
24
Entonces Pilato sentenció que se concediera la petición de ellos.
25
Y soltó al que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y a Jesús le entregó a la voluntad de ellos.
26
Cuando, pues, lo llevaban, tomaron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz, para que la llevase tras Jesús.
27
Y le seguía una gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y se lamentaban por él.
28
Pero vuelto hacia ellas, Jesús dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.
29
Porque he aquí vienen días en los cuales dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron.
30
Entonces empezarán a decir a las montañas: ¡Caed sobre nosotros!; y a los cerros: ¡Cubridnos!
31
Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?
32
Y llevaban también a otros dos, que eran malhechores, para ser ejecutados con él.
33
Cuando, pues, llegaron al lugar llamado de la Calavera, allí le crucificaron, y a los malhechores, uno a la derecha, y el otro a la izquierda.
34
Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y echando suertes, repartiendo entre sí sus vestiduras.
35
Y el pueblo estaba de pie mirando. Y se burlaban aún los gobernantes con ellos, diciendo: A otros salvó; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías, el escogido de Dios.
36
Y se burlaban de él también los soldados, acercándose y ofreciéndole vinagre,
37
y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
38
Y había una inscripción escrita sobre él con letras griegas y latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
39
Y uno de los malhechores que estaban colgados le insultaba, diciendo: Si tú eres el Mesías, ¡sálvate a ti mismo y a nosotros!
40
Pero contestando el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condenación?
41
Y nosotros justamente, porque estamos recibiendo lo que merecieron nuestros hechos; pero este ningún mal hizo.
42
Y le decía a Jesús: Acuérdate de mí, Señor, cuando entres en tu reino.
43
Y Jesús le dijo: En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso.
44
Y era como la hora sexta, y hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena.
45
Y se oscureció el sol, y el velo del templo se rasgó por la mitad.
46
Y gritando a gran voz Jesús, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho eso, expiró.
47
Y al ver el centurión lo que había sucedido, glorificó a Dios, diciendo: Ciertamente este hombre era justo.
48
Y todas las multitudes de los que estaban congregados en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían, golpeándose el pecho.
49
Pero estaban de pie a distancia todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, mirando estas cosas.
50
Y he aquí, había un hombre llamado José, que era miembro del concilio, varón bueno y justo.
51
Este no había consentido con la decisión ni con los hechos de ellos. Él era de Arimatea, ciudad de los judíos, el cual también esperaba el reino de Dios.
52
Este acudió a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús.
53
Y bajándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro excavado en una roca, en el cual nadie había sido puesto todavía.
54
Y siendo el día de la preparación; el sábado estaba para comenzar.
55
Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.
56
Regresando, pues, prepararon especias aromáticas y ungüentos. Y el sábado descansaron, según el mandamiento.
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